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LA T.A.V.E. COMO BRÚJULA DEL ESTUDIANTE DEL NIVEL SUPERIOR
Autora: Ivana Lanzi
RESUMEN
La T.A.V.E. (Tabla de Autogestión Viva del Estudiante) es un recurso pedagógico diseñado para afrontar el seguimiento de las trayectorias en la masividad de cursados en Nivel Superior. Este dispositivo digital híbrido transforma una planilla de cálculo en una herramienta compartida que promueve la autonomía. Mediante un código de colores, tipo semáforo, los estudiantes visualizan su proceso, incluyendo asistencia y evaluaciones. Su uso reduce consultas administrativas en clase, permitiendo al docente priorizar la enseñanza, además actúa como un motor de evaluación formativa que visibiliza a los alumnos, preparándolos para su futuro rol docente.
BIODATA

Ivana A. Lanzi: Diseñadora Gráfica en Comunicación Visual, Universidad Nacional del Litoral. Diplomatura en «Educar en la Cultura Digital» (U.N.Villa María). Actualización Académica en “La formación docente en los escenarios contemporáneos” y en «Formación Docente hoy y los Desafíos Emergentes» (Min. De Educación y Derechos Humanos-Río Negro). Desempeño como Profesora Titular de Educación y TIC, en los Profesorados de Educación Inicial y Primario del Instituto de Formación Docente Continua de San Antonio Oeste (IFDC SAO), 2011 y continúa. Tutora en Alfabetización Digital y Educación y TIC en PEI de modalidad virtual en ITS Los Menucos. Participación en la coordinación, planificación y puesta en acción de diferentes proyectos de Formación Permanente, de Extensión e Investigación vinculados con el área de Educación y TIC.
La T.A.V.E. como Brújula del estudiante del Nivel Superior
Un escenario de la intermitencia
En la unidad curricular de Alfabetización Digital del primer año de los Profesorados de Educación Inicial y Primaria el aula se presenta como un territorio de tensiones. La masividad y el escaso tiempo presencial —apenas dos horas semanales en un solo cuatrimestre— imponen un desafío pedagógico: ¿Cómo construir un vínculo pedagógico profundo y un seguimiento personalizado en un solo cuatrimestre?
Así trazado el escenario ensayo dar respuestas a este desafío apelando a un raconto de mi experiencia que intenta convertirse en una suerte de pistas, sugerencias para orientar y sortear este desafío en el aula.En principio, debemos considerar que mis estudiantes son ingresantes y transitan ese umbral crítico donde dejan de ser alumnos secundarios para construir su rol de estudiantes de nivel superior. Se asemeja a un inmigrante que llega a una cultura nueva, de la cuál deberá conocer e interpretar sus normas, valores y experiencias para poder construir una identidad en ella (Carlino, 2009). Implica también empezar a ser responsables y autónomos de sus propias trayectorias, que aún les resultan ajenas.
En el IFDC de San Antonio Oeste se implementa la modalidad híbrida, donde lo virtual no es un mero repositorio, sino un espacio para la continuidad del vínculo pedagógico y la generación de instancias de aprendizaje autónomas y colaborativas, como menciona Maggio, quien entiende la enseñanza como un “ensamble” en el que se articulan momentos, voces, intenciones y contenido.Por lo que en el diseño del encuadre pedagógico se contemplan las instancias tanto presenciales como virtuales, además de las responsabilidades y obligaciones tanto mías como de las/os estudiantes.
Sin embargo, detecté una desconexión inquietante: participaban activamente en la presencialidad, pero al terminar la clase, «desconectaban» del taller. La continuidad en el campus virtual no se producía de forma orgánica; no sentían la necesidad de ingresar para seguir aprendiendo, gestionar sus tiempos o conocer y registrar sus trayectoria, que estaban signadas por una intermitencia que nos les permitía optimizar los tiempos.
La burocracia que obtura la enseñanza
Hasta hace poco, mi registro de trayectorias era un documento privado. Llevaba meticulosamente la asistencia y el estado de los trabajos prácticos para tener una visión de cómo transcurría el taller y poder acompañar a quienes lo necesitaran. Destinaba mucho tiempo a completar esas planillas y llevar “al día” el proceso de cada estudiante y aun así había trayectorias que se ocultaban o perdían de mi mirada entre la masividad de estudiantes.
Este tiempo que utilizaba para ese «saber» docente luego, paradójicamente, lo perdía cuando me encontraba, intentando profundizar en conceptos del Taller, en medio de la clase presencial.Entonces, comenzaba la «ráfaga» de consultas administrativas: “¿Cuántas faltas tengo?”, “¿Le llegó mi trabajo?”, “¿Todavía puedo promocionar?”. Esta demanda no solo fragmentaba la dinámica de la clase, sino que cristalizaba un modelo de dependencia donde el docente es el único poseedor de la información sobre el proceso del estudiante. Debía dejar de avanzar en lo planificado para la enseñanza y dar respuestas a sus inquietudes sobre sus trayectorias, pero, luego de eso notaba que los estudiantes no se hacían responsables de su trayecto, entre otras cosas, porque sabían que yo, y solo yo, llevaba el registro de todas sus acciones. Algo tenía que ser revisado.
Se volvía un momento muy complejo en donde quería dar respuestas y devolverles ese seguimiento tan personalizado que yo hacía, pero, al mismo tiempo, tenía una sensación de que ellos debían tener la iniciativa o la responsabilidad de llevar adelante el seguimiento de su propio proceso. Pensaba que esa era una de sus funciones como estudiantes de Nivel Superior: empezar a tener esa autonomía y autogestión de su aprendizaje y de tiempos académicos. Por otro lado, sabía que debían tener herramientas y recursos para aprender a hacerlo. Los datos y el instrumento ya estaban, el tiempo lo estaba invirtiendo en ese registro, ¿Qué estaba pasando que no funcionaba? ¿Por qué hay trayectorias que, teniendo el seguimiento, las perdía en el cursado? ¿Cómo podía visibilizar aquellas que necesitaban más acompañamiento antes de que estuvieran en riesgo de perder la cursada??

Imagen1: Primera versión de la TAVE donde sólo se utilizaban los colores como código y en las columnas se intercalaba la asistencia con otros registros y eso generaba conflictos en la interpretación.
La T.A.V.E. como contenido
Frente a estas inquietudes surgió la idea de compartir todos esos datos con las/os estudiantes. La pregunta fue ¿Cómo? Así fue como nació la Tabla de Autogestión Viva del Estudiante (T.A.V.E.). No la pensé solo como una hoja de cálculo compartida en la nube, sino como un dispositivo de alfabetización digital crítica. Sumando así, según Ferrarelli, a la formación instrumental de los sujetos el desarrollo de capacidades para configurar una identidad responsable y coherente dentro del mundo digital.
A medida que fui implementando la T.A.V.E año a año y compartiendo la experiencia con otras/os profesores, ésta fue transformándose y evolucionando colaborativamente con un propósito principal: darles la «posta» a los estudiantes para que puedan ser responsables de sus trayectorias. Como consecuencia se presentaron otras finalidades como acompañarlas/os a construir habilidades para su aprendizaje en la modalidad híbrida, enseñar el uso de recursos como Drive y sus aplicaciones, no solo como herramientas técnicas, sino como instrumentos con sentido, sí, pero con un sentido pedagógico-didáctico.
Para que sea parte genuina del taller la T.A.V.E. se presenta como instrumento en el Contrato Pedagógico, se debe tener acceso desde el aula virtual y, además, en las primeras clases se destina tiempo para su explicación y funcionamiento al grupo de estudiantes. Los componentes de esta son: la asistencia (entendida como continuidad y constancia), la entrega de desafíos correlativos o TP y el avance del portafolio digital individual en las primeras versiones. Cómo bien lo dice parte de su nombre, es una planilla viva, por lo tanto, se adapta a las necesidades del cursado, por lo que se han ido incorporando nuevos datos como grupos de trabajos y escritura de la síntesis rotativa de clases.
En sus inicios, se completaban las casillas de una manera tradicional, con letras o números, luego, identifiqué que eso no ayudaba a una lectura fluida, ya que se compartían datos sensibles de manera abierta y no estimulaba a los estudiantes a avanzar en el proceso, por lo que comencé a utilizar un código de colores (semáforo) e iniciales para que la información fuera transparente, accesible rápidamente y que les generara a las/os estudiantes una sensación de “voy bien en el taller”, que puedan “verse” y “ver” a sus compañeros en sus trayectorias.
Mi intención era que al verse en la tabla, puedan «leerse» y tomar decisiones antes de que su proceso sea irreversible. Pero, también, al pasarle la “posta” a ellos, liberaba mi tiempo en las clases presenciales para acompañarlos en el aprendizaje, mientras que el acompañamiento a sus trayectorias lo hacía desde la virtualidad y junto a ellas/os.

Imagen 2: Segunda versión: se diseñó un encabezado en donde se explicaba cuál era la denominación de las iniciales utilizadas y los significados de los colores. Se organizaron las columnas en secciones para la asistencia y para los otros registros.
El encuentro con el instrumento
En el primer momento que presento la T.A.V.E. en clase no es solo un proyecto, una tabla, no solo estoy mostrando datos; estoy cambiando las reglas de “poder” en el aula.
Siempre observo cómo las miradas empiezan a demostrar confusión, sorpresa, rareza. Con los años fui reformulando la manera en que se las “enseño”, porque entendí que todo es nuevo para ellos y sobre todo este instrumento de ruptura en sus bibliografías escolares. No tienen nunca preguntas, solo escuchan y asienten…pero todas ellas aparecen cuando esa tabla se empieza a completar.Entonces es ahí, en su interacción con ella en la virtualidad, cuando toman conciencia que serán los responsables de entenderla y usarla. Por lo que en las clases siguientes consultan. “¿Por qué tengo amarillo en el Portafolio? Yo compartí el enlace, pero usted me puso rojo ¿Qué pasó? ¿Tengo ausente en una clase? Pero yo estuve presente”. Este diálogo sucede en el grupo total, por lo que las explicaciones se vuelven colaborativas, al igual que el aprendizaje de ellas/os y también, este intercambio habilita para recuperar lo trabajado anteriormente en la clase.
En este punto, se vuelve vital el uso de la T.A.V.E. e impacta en su comportamiento en la virtualidad. Al estar actualizada semana a semana, la tabla se convierte en un motor de consulta frecuente, para ver su propio progreso, para «verse» en ese espejo digital. Pero, no menos importante es el hecho de que colaboran conmigo en el seguimiento de sus trayectorias, yo también empiezo a “verlos” a ellos, a todos, puedo acompañarlos, verdaderamente, en su proceso de forma individual y no llegar al final de la cursada con situaciones en las que es tarde intervenir.

Imagen 3: Se ve cómo se adaptan las columnas y contenidos a las necesidades y propósitos específicos del contrato pedagógico. También se empieza a utilizar para gestionar los grupos de trabajo de los estudiantes y la realización de la síntesis de la clase.
Reflexiones sobre lo inesperado
Es después de esta experiencia cuando reflexiono que lo que comenzó como una solución administrativa empezó a revelar dimensiones que no había previsto. La T.A.V.E. se transformó en una herramienta de evaluación formativa, que me permite rescatar trayectorias que solían quedar ocultas en la masividad, por falta de participación o de voz.
Estudiantes que no participaban en la clase presencial comenzaron a participar desde la virtualidad y comprometerse con su proceso, porque se daban cuenta que no estaban invisibles a mi mirada y se encontraban, ahora, en la tabla. Eso les dio confianza para acercarse, aunque sea de manera particular, ya desde la clase o en la hora de consulta, porque allí podían compartir sus dudas y solicitar más acompañamiento: “¿No sé cómo hacer esto que pide, profesora? No tengo una computadora para hacerlo o una buena conexión de internet. Por más que lo intento no me sale”. Todas esas voces que no podía escuchar antes empezaron a tener presencia, entonces, también, ahí comprendí que no era falta de interés, eran estudiantes que no sabían, que no se animaban, que no tenían otro apoyo y, sobre todo, había una ausencia de un instrumento adecuado que visibilice su propio proceso en tiempo real.
Entre «lo programado» y «lo sucedido», la T.A.V.E. ha superado mis expectativas iniciales, multiplicándose su uso, incluso, entre otros colegas profesores que se sumaron a la experiencia.
De usuarios a futuros docentesEl uso de la T.A.V.E. trasciende el taller de Alfabetización Digital. Al interactuar con ella, los estudiantes están construyendo capacidades para gestionar sus propias prácticas de enseñanza en el futuro. No solo están aprendiendo a usar una hoja de cálculo; están experimentando, como señala Lion cómo la tecnología puede ser puesta al servicio de una pedagogía más humana, presente y personalizada, incluso en contextos de masividad. Aprendiendo a “escuchar y aprender con y de las tecnologías y con y de los estudiante”’, y a pensarlas “en forma contextualizada, en proyectos curriculares, con significatividad pedagógica”,
Reflexiones finales
La T.A.V.E. sigue estando viva y en una constante construcción colectiva que se reinventa con cada cohorte. Sin tenerlo como uno de los propósitos iniciales, pude trabajar con trayectorias visibles “realmente” e implementar las TIC para la evaluación, participación y motivación de las/os estudiantes.
Como otra reflexión puedo destacar que un programa tan básico y ajeno al ámbito educativo como una planilla de cálculo, incluido y planificado con un propósito pedagógico, pensado para un grupo de estudiantes y sus necesidades, tiene las virtudes para generar un impacto positivo en las trayectorias de las/os estudiantes.
Mi desafío hacia adelante es seguir delegando la autonomía, transformando la evaluación en un acto de responsabilidad compartida y aportar, hoy más que nunca, a la construcción del rol de estudiante híbrido del Nivel Superior. Por otro lado y en el sentido de la mejora de este dispositivo, evaluar la decisión a tomar de empezar a incorporar las actualizaciones y mejoras que la inteligencia artificial puede aportar en pos de mejorar la experiencia y sistematizar más información valiosa para construir desde la T.A.V.E. conocimiento significativo para re pensar la formación inicial.
Enlace a un modelo de TAVE para que se descargue y personalice: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1-kHSSXCC9emeBBhd2rWHlHvuwDQ0W5YWihkU4ozpDDY/edit?usp=sharing
Referencias
Carlino, P. (2005) Escribir, leer y aprender en la universidad: una introducción a la alfabetización académica. Fondo de cultura económica.
Ferrarelli, M. (2021) Alfabetismos aumentados: producir, expresarse y colaborar en la cultura digital. Austral Comunicación.
Lion, C. (2004, abril). Carina Lion: ¿Qué cambia en nuestras formas de enseñar y aprender cuando se incorporan tecnologías? (V. Castro, Entrevistadora). educ.ar. https://www.educ.ar/recursos/115849/carina-lion-que-cambia-en-nuestras-formas-de-ensenar-y-apren
Maggio, M. (2022). Híbrida. Enseñar en la universidad que no vimos venir. Tilde editora. ISBN: 9789874863409.
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